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12/10/07

LA SILLA ELÉCTRICA (poema)


Desde hace bastante tiempo me declaro contrario a la pena de muerte. No fue un cambio radical, de hoy para mañana, pero si, poco a poco me he ido convenciendo que la pena de muerte no sirve para nada, o si, quizá sirva para reafirmar a los asesinos en que su acción es justa y por eso aún continua siendo ley en algunos países del mundo "La pena de muerte". Si contempláramos la vida como lo único sagrado en este mundo y no derramáramos ni una sola gota de sangre, ni siquiera la de los asesinos, si desvinculáramos la vida del sujeto que la posee y respetáramos por igual todas las vidas, seguramente que si valoráramos más la vida, no importa de quien fuere, todos respetaríamos y amaríamos más la vida.
Recuerdo que escribí el poema a la silla eléctrica a raíz de ver por televisión a un español que se encontraba en el corredor de la muerte esperando ser ejecutado y de cuyo nombre en este momento lamentablemente no me acuerdo. Bueno, al final el chico fue absuelto gracias a la tenacidad de sus padres y al apoyo desinteresado de cientos de personas. Si no es por el amor de sus padres que insistieron hasta casi el agotamiento, el caso no se hubiese revisado y este joven hoy estaría muerto, las pruebas que tenía la justicia contra él no eran válidas, pero de igual manera hoy estaría muerto, digo más, si hubiese sido culpable y le hubieran ejecutado tampoco su muerte hubiera servido para nada ni hubiera resuelto nada, como no fuera a un sentimiento de venganza. Me pregunto: ¿No será mejor dejar a los asesinos vivos, encarcelados y enfrentándose a su crimen el resto de su vida?

Amar la vida es respetar la vida y no importa de quien.



La silla eléctrica



¡Ah... la justicia!
A veces: tan justa
implacable y ciega,
otras: tan turbia y excelsa.

Espera... la silla.
¿Quién es el reo?
¿Quién es la víctima?

Que sola, la veo.
Aguarda,... la silla.
Tan pulcra, tan intima.

Con sus brazos abiertos,
aún espera paciente,
y pensando en sus muertos...
le llega el siguiente.

Espera,... la silla.
Su sola presencia,
impone un respeto,
no hay sentimiento,
ni existe indulgencia,
sus cables y voltios,
ni sienten, ni piensan.

29/9/07

ONCE DE SEPTIEMBRE, poema


Jamás se nos pudo ocurrir, jamás llegamos siquiera a imaginarnos que un atentado tan terrible pudiera llevarse a cabo. Yo terminaba de comer en el mismo instante en que un avión acababa de estrellarse contra las Torres Gemelas de Nueva York y, como muchos millones de personas en el mundo, me quedé petrificado, allí, como un lunático, permanecí durante muchas horas frente a la pantalla del televisor. Durante los días y las semanas siguientes los acontecimientos se vivieron con horror, con estupor y con miedo a todo y a todos. Se acordarán ustedes de un polvillo blanco llamado ántrax o carbunco, que viajaba en sobres, y que llenaba de pavor a toda la población, porque, decían: que liberado al aire, era un arma letal, de destrucción masiva. Unos días más tarde traduje ese estupor en un poema, que no es un homenaje a las víctimas, es el temor y la constatación de que la seguridad no existe. Sucedió como en un cuento de Poe, en el que los habitantes de una ciudad, por temor a La Muerte Roja, y para librarse de ella, habían cerrado con llave y atrancado fuertemente sus puertas. Sin duda alguna, que después de esta firme resolución, la ciudad y sus moradores se sintieron seguros, muy seguros, tras aquellas dobles murallas; pero en su seguridad, se olvidaban, que detrás de éstas la muerte iba desolando todo a su paso, pero ellos preferían olvidarlo y celebrar un magnífico baile de máscaras. No pudieron darse cuenta de como llegó, pero en medio de ellos alguien se levantó la máscara y era La Muerte Roja.
Días de terror


Día once de Septiembre,
cuando los carros de fuego
están levantando el vuelo...
amanece en Nueva York.

De sangre y de muerte
mancha el sol con sus rayos,
el rostro de los edificios
y los ojos de la gente.

Y allá en los muelles
se hielan los sillares,
al puente de Brooklin
le tiemblan los pilares
y se le enfrían los pies.

Alguien parecido a Glend Ford,...
abre la Biblia con gesto duro;
por un ojo se cobra un ojo...
Lee –con las gafas del revés.
Y por un muerto se cobran cien.

Late un corazón vacilante,...
tic, tac, tic, tac,
en las manos de un cartero.
Proviene de un tal Bin Laden
de mirada triste,...
y se escucha,... tic, toc, tic, toc;
porque a este,...
le funciona la cabeza,
inversamente,...
A las agujas de un reloj.

Y se oye una súplica callejera:
¡Marineros! amarrad ya
la flota ballenera;
porque el ántrax ha llegado,
veloz, en un caballo blanco;
asaltando los códigos postales
y repartiendo cartas,... terribles
cartas de amor envenenado.

¡Corred a los cementerios!
y en cada tumba llamad;
decid: al viejo Allan Poe;
que manuscrito en una botella
encontraron al carbunco
y un mensaje.

¡Inducidle!
¡Por piedad!
a que deje ya
su eterna borrachera,
que es la hora
de emprender el viaje.
¡Apremiadle!
a que abandone
su fría mortaja, pues,
urge salir a la carrera.
¡Por piedad,
despertadle!
Dicen que el baile
ha comenzado,
porque la máscara
execrable y siniestra
“De la Muerte Roja”
danzando ha llegado,
esta mañana a la ciudad.

2/9/07

poema: Humphrey Bogart




Escribí este poema a Humphrey Bogart con algunos restos de imagenes que se me habían ido acumulando en la memoria, despues de pasar toda una vida viendo sus películas, pero sin ser un experto en el tema, y recordando bien pocos titulos de sus películas. Por lo que les termino de decir, no sé, si es un poema al personaje o, por el contrario, es la descripción un tanto personal de las sensaciones dejadas en mi subconciente por el sonido y las imagenes del cine negro. Es, ese ritus de dolor,... esas profundas arrugas en la frente,... ese ruido al cerrarse la puerta de un coche, venido de la oscuridad,... ese cigarillo, fumado, casi como un calmante para el dolor,... ese mundo oscuro y marginal de la noche,... esa vida que duele vivirla y que, se vive, como un designio inevitable del que no se puede huir,... es la amargura que tuerce las gargantas en un trago imposible de dolor...

Humphrey Bogart


Un tipo baja del tren,
aparecen sus zapatos,
luego escuchas...
suenan bien,
las suelas en el asfalto.

La calle, hay humo
que se junta con la niebla,
por ella camina el fulano
con sombrero y gabardina.

Al ver al tipo, uno intuye
que le ha conocido siempre,
tan familiar resulta,

como la úlcera
para el estómago sangrante.

Un exabrupto lanza,
algo referente al infierno,
porque se humilla,
patina y resbala,
en una maldita y fatídica
cagada, expelida por un perro.

El hombre se dirige a un garito,
de mala muerte es el lugar,
es un sitio donde anidan...
culebras, sabandijas,
y esa clase de tipejos
que se arrastran por el suelo.

Entra y en la barra
pide una ginebra,
se la sirve de un camarero.
Su sombrero, se ha mojado,
se destoca de inmediato
y lo cuelga de un perchero.

Al fondo están las mesas,
todas ellas ocupadas
por hombres de caras serias
que juegan y fuman puros,
y se observan recelosos
mirando a través del humo.

Se le acerca una rubia
de cabello oxigenado,
culebreando la cintura
y moviendo con delicia...
su culito respingón.

Ella le ofrece una sonrisa,
y él la mira de reojo, mientras
lía con paciencia un cigarrillo.
¿Eres quizá, un polizonte?

Le suelta de repente
a quemarropa,
la susodicha fulana.
Y él le mete, entre
las tetas, un billete.

Ya veo, que eres de esos tipos
que andan de acá para allá,
oliendo siempre a tabaco,
y con ese mal vinagre
que llevan siempre en la sangre
los que cargan la pistola, en el sobaco.

Ves los del fondo, esos granujas
son tipos duros...
con escasos sentimientos,
quizá los únicos y más sinceros
sin duda se los deben a los puros,
o, a sus dolencias hemorroidales.

¿Y de que quieres información?
Pregunta la nena
mientras suena un saxofón.
¿Buscas al Cara Cortada,
o quizá al Nariz Rota?
¡Comentan que es un soplón!

No soy policía muñeca...
y soltando el humo dice:
solamente detective.

Tengo miedo de hablar,
dice bajito la nena.
Recuerdo a la pobre Lola,
una chica
compañera del ambiente...
llegó un policía
pasándose por cliente,
y el muy granuja, va y se dedica
a tirarle de la lengua.
Y justo al día siguiente,
descubrió su cuerpo un marica
cuando flotaba,
en mitad de la corriente.

No temas nena,
seré discreto,
las chicas como tú,
a pesar de todo,
me gustan,
aunque a veces...
me produzcan desconcierto.

Entonces, ella le dijo
que la llevase con él,
entonces él le responde:
¡Muñeca!
“Si supieras,...
lo difícil que resulta
soportar,…
la picazón de las ladillas,
en las sábanas de hotel”.

La vida de un detective es dura,
solamente la ulcera me acompaña
y esta maldita tos al levantarme
ya desistió también,...
de abandonarme.

El toma el sombrero y se lo pone,
ella le dirige una mirada suplicante,
Él le pasa un dedo por los labios,
y se toma la ginebra,
como si fuera un purgante.

Ella se queda en la barra
y le ofrece una sonrisa de historieta,
Él se abrocha la gabardina
y le dice adiós desde la puerta.


Ahora ya conoce
al tipejo que buscaba.
Tenía un mal negocio en el sótano,
no parecía lo que era,
ni era lo que aparentaba.

Como si la llovizna no fuese con él,
fumando... bajo la luz mortecina
de un farol, que apenas
el callejón ilumina,
meditabundo camina
en dirección al hotel.

Se desplaza por el centro de la calle,
gatos que corren y maúllan
através del bulevar.
Es una hora en que no hay nadie,
solamente... con sombrero y gabardina,
camina, Humphrey Bogart.

30/8/07

poema: LA ABUELA PEREGRINA





Mi abuela materna se llamaba Peregrina y, vivía en La Cisnera, que es un pequeño barrio agrícola del municipio de Arico, al sur de Tenerife. En mi infancia solía pasar pequeñas temporadas en su casa. Que les voy a contar yo de mi abuela; pues nada nuevo, supongo, pues, cada cual tiene la suya, y las abuelas siempre son algo especial; para mi no existía nadie mejor que ella en todo el mundo. ¿Que me llevaba, y que me lleva a pensar eso de ella? Pues, el inmenso cariño que tenía para con los suyos, y la gran humanidad que derrochaba siempre hacia todos los demás. En la casa de (Madre Vina) como le decíamos sus nietos cariñosamente, se acogía a todo el mundo, para nadie faltaba nunca un buche de vino o una tacita de café, desde el cura o el maestro, hasta el vecino más alejado del barrio, a todos les agasajaba con igual cariño. En más de una ocasión, cuando sabía que alguién estaba pasando estrecheces, me mandó a llevarle un cesto de papas y unos pocos de higos pasados. Recuerdo las tertulias de por la tarde en la cocina de mi abuela. La cafetera no descansaba nunca y los tertulianos pasaban la tarde hablando, tan animadamente, entre vasito de vino y tacita de café, que a veces la noche se adentraba y éstos, permanecían allí, como atornillados a la silla. Jamás vi a la abuela poner una mala cara, ella era toda bondad y desprendimiento.
La abuela tenía un patio de flores verdaderamente espléndido: no solamente por la frondosidad sino también por la variedad de sus plantas. Dondequiera que iba, si veía una planta y le gustaba, cogía un gajito de ella y, no se que tendría en sus manos, porque al llegar a casa los enterraba y, todos, milagrosamente le pegaban. En sus huertas tampoco faltaban las hierbas para condimentar las comidas y las hierbas para curar y; un pequeño corral, con un par de cabritas de leche, las gallinas y un gorito de conejos. Al cochino, matarlo, después de un año de mimos y de cuidados para que estuviese de lo más lustroso, siempre resultaba cruel, y penoso hasta encojer el corazón. La abuela peregrina era una de esas personas cargadas de humanidad, capaces con su sola presencia, de llenar cualquier lugar donde ellas se encuentren. A ella le debo mi afisión por la lectura y muchísimas cosas más que no quiero entrar a detallar ahora. Ahora, solamente les dejo con un poema dedicado a ella,... a su recuerdo,... y tal vez, un poco también a mi, al recuerdo de mi infancia.

Peregrina


Entre varias alegrías
y algunos sinsabores,
pasé ya los cuarenta,
cuan lejos queda
ahora la infancia.
Te recuerdo abuela,
el patio, el aljibe,
y de tus flores,...
paréceme, ahora inclusive,
oler sus fragancias.

Azarosa y dura es la vida,
los años caen uno tras otro,
el trabajo, la rutina.
Más nunca cayó en el olvido,
ese amor, ternura y cariño,
que ha espuerta llena
me entregabas siendo niño
querida abuela,
cariñosamente,
”Madre Vina“

Cuantas cosas recuerdo,...
tu cara redonda y morena,
tu pelo blanco y sedoso,
recogido, con una peineta,
siempre en un moño,
un lunar en medio de tu frente,
y el hablar suave y cadencioso,
de verbo sincero, inteligente.

La cocina, el café,
la tertulia, el maestro,
la tarde es muy fría
¿Un buche de vino
Señor: Don José?
¡Gracias Dña. Peregrina!
aunque un siglo viviera
¡nunca le pago yo a usted!

Es de noche, hay neblina,
y el invierno en la Cisnera,
insoportable sería, si no fuera,
porque dentro de su cocina,
está repartiendo amor
la abuelita Peregrina.

La Cisnera, es Enero,
la abuela,... dirá
con una leve sonrisa,
“será,... hora, de acostarse ya.”
Afuera, sopla una fuerte brisa,
el aire gime y aúlla
en los cables de la luz.

Encogidos y abrigados
subimos a toda prisa,
con el pasito ligero
la escalera que nos lleva,...
por afuera de la casa,
al calentito dormitorio,
que en un ala se encontraba
del histórico granero.

Recuerdo la cama
donde la abuela dormía,
que bien trabajado estaba,
...su enorme cabecero,
con adornos y flores
que miraban hacia el cielo.

Es magnífica la obra,...
hízola, un local carpintero,
ilustre mano artesana,
Llamada “Paco Curbelo”

Recuerdo los cuadros,
la Virgen, los Santos,
el catarro, la tos,
vip vaporut en la espalda,
y sobre todo en el pecho.
Sonaba la vieja máquina
de aquel ruidoso reloj.

Antes de apagar la luz
suave, se peina la abuela,
y yo me quedo mirando,...
¡cuantas vigas tiene el techo!
las pequeñas de los lados
se unen a las del centro,
como afluentes en un río
encajados y perfectos.

Sigo mirando las vigas,
una a una las cuento,
las sumo y las resto,
incluso hasta las divido,...
más, no me salen las cuentas
y de nuevo a contar empiezo,
y, hallándome en las operaciones éstas,
gana el sueño y Yo me duermo.

El brillante lucero
que alumbraba en la noche,
se despide en la mañana
de repente y amanece,...
El Sol brilla y resplandece,
y sus rayos ya calientan,
penetrando, por debajo
de la puerta del granero.

Abuela, no quisiera
por nada del mundo hablar,...
de tus penas y tragedias,
tu comprendes que prefiera
con nostalgia recordar,...
las abejas en las flores de tu salvia,
el tomillo y demás yerbas,...
¡Y las rosas de tus dalias!

Ese olor a bagazo,...
a vino y a fruta,
y a barrica fregada,...
a mecha de azufre,
despalille de tabaco
y tierra cavada.

18/8/07

(poema) LOS CUATRO JINETES










Las imágenes no pueden ser más explícitas: inundaciones, nevadas impresionantes, olas de calor, huracanes... Todo eso ha ocurrido desde el comienzo de los tiempos, dicen algunos expertos. Solo que ahora sucede con más frecuencia y con una virulencia aterradora. Es, El Cambio Climático. Un cambio climático que nos asusta, porque nos imaginamos un futuro difícil, si no catastrófico. Indolentemente, lo vemos aproximarse y no sabemos que hacer, quizá lo vemos como algo inevitable, como parte de nuestro destino. Los cuatro jinetes se acercan y no sabemos o no queremos detener su galopada. A todos nos pisarán los caballos, si, pero a unos más que a otros.





Los cuatro jinetes

Cuatro jinetes cabalgaban
al socaire del dinero,
y los caballos pisaban
la pobre gente del pueblo.

Los pobres no les importan
solo interesa el dinero,
la negra senda que andaban
les conducía al Infierno.

El ruido de los caballos
y el sonido del dinero,
apaga el rumor de voces
que se levantan al Cielo.

Galopan cuatro caballos,
cuatro corceles negros...
Dieciséis cascos de acero
pisotean los sembrados
y donde crecieron trigos
ahora,... florecen cardos.

La perdiz y demás aves
que anidaban en los campos,
son ahora negros cuervos
que están infectando el aire.

Enorme curiosidad la mía,....
acercándome a un jinete
por ver que rostro tenía.

Me dicen que era la muerte,
aquello que yo veía,
pero aquel rostro sin cara
que en la capa se escondía,
sin tener rostro de gente
miles de rostros tenía.

Un pintor inteligente
de bucólicos paisajes
un bosquecillo pintaba,
pero a cada pincelada
el lienzo se ennegrecía.
y cada árbol pintado
en tridente se volvía
y horrorosamente a su lado
una máscara salía.

En grandes nubes de humo
los bosques se convertían,
y no se quiso escuchar
lo que las gentes decían,...
entre el humo, el dolor
y el hambre,
mientras la tarde cae
¡cuatro jinetes cabalgan!

Los timples ya no se escuchan,
ya no suenan las guitarras,
ni una palabra sale
de sus bocas desdentadas,
la tierra queda tan sola,
tan sola y abandonada,
mientras la Luna sale,
grande, redonda y plana
¡cuatro jinetes cabalgan!.

16/8/07

poema: ALLÍ ESTÁ LA RESTINGA








Este verano he pasado con mi familia, una semana de vacaciones en la isla del Hierro. Nos alojamos en el pueblo de La Restinga. Un pueblo que, lo mismo, podía haberse llamado: Paz, Sosiego o Tranquilidad. Pues, ese mismo espíritu, es el que emerge de sus calles, de su gente y hasta de su bahía, donde las barcas, parece que estuvieran acunadas dulcemente por el mar. Vaya todo mi amor para este pueblo y para sus acogedores habitantes, que duermen cada noche entre la lava y la sal. También mi cariño y mi total respeto para la isla del Hierro y su gente. Una gente inteligente, que sabe como nadie vivir con la naturaleza; compartiendo con ella mesa y mantel, pero conociéndola y respetándola siempre. El Herreño no ignora que, todos los golpes dados sobre ella, son palos sobre la cabeza de uno mismo.



Volveré a visitarles cualquier día ¡¡Herreños!! un abrazo para todos, leed el siguiente poema que le dedico a la Restinga...




ALLÍ ESTÁ LA RESTINGA


¡¡Mira… Allí está La Restinga!!
Bajo un claro y magno cielo,
arropada, eternamente,
por cordones y esteras de lava
y mecida, cual niño encunado,
por una mar rizada y sinuosa,
que muestra perennemente,
a todos, una sonrisa acogedora,
esplendorosa y blanca.

Allí siento, como si el tiempo
se detuviese. Como si no pasara.
Parece que los terribles leviatanes
hace mucho que se fueron,
que emigraron a otros mares.

Lejos de tormentas y huracanes,

en la quietud y en la calma
de aquellos lares
la vida fluye, lentamente,
con calidez y hasta con alma;
ni la muerte es ya, la muerte…,
parece más un sopor, una ilusión
o, acaso, una eterna vigilia de titanes.

Crece la mies en los fondos
de los mares de las calmas,
mientras el hombre vive,
duerme, ama y se despereza
a los pies de los volcanes.

Una brisa fresca y salitrosa
humedecía apenas,
el cálido desierto
de mi frente campesina;
mientras el acero del agua
en la bahía,
mecía tiernamente
las sombras de las barcas.

Hacia El Pinar, las montañas.
Lava desatada y rota,
una estepa de lajiales,
¡no es paisaje de batalla!
Ni son restos de una guerra,
es el magma derretido…,
es un corazón fundido
y a trozos expulsado
desde el fondo de la tierra.




10/8/07

POEMA: NAUFRAGIO DEL ISLAMAR





(Ocurrió hace unos 23 años)


Desaparece el pesquero español 'Islamar III' con 28 tripulantes a bordo, a 27 kilómetros de la costa sahariana
ANTONIO MANFREDI, - Huelva
/ VICTORIA SANABRIA, Las Palmas No hay noticias sobre el paradero del barco pesquero Islamar III, desaparecido a unas 120 millas (222 kilómetros) de Las Palmas de Gran Canaria, aproximadamente a 15 millas (27,7 kilómetros) de la costa marroquí, donde se encontraba cuando, por última vez en la tarde del jueves, algunos miembros de su tripulación mantuvieron contacto telefónico con familiares residentes en Isla Cristina (Huelva). De los 28 hombres que iban a bordo, 26 son españoles de esta localidad, los dos restantes son de nacionalidad marroquí. La localidad onubense de Isla Cristina vivió ayer su "sábado negro" con la desaparición del Islamar III. Escenas de dolor y dramatismo se vivieron durante todo el día en este pueblo marinero, ante el temor de que los 28 marineros a bordo hayan desaparecido en un naufragio, y se rezaba porque se tratara de un apresamiento por parte de Marruecos.
12/08/84


Varios días estubo en las radios y en la televisión la noticia. Aviones sobrevolaron durante varios días oteando la superficie del mar donde suponían que había sobrevenido el hundimiento. Al final, solamente se recuperaron a dos supervivientes del naufragio. Había pasado más de una semana cuando les hallaron. Estaban vivos, pero era impresionante el estado en que se hallaban. Contaban que habían sobrevivido bebiendo agua de mar y su propia orina, que recogían en una pequeña bolsa de plástico. ¡Sobrecogedor! Todos los que vimos aquellas imágenes quedamos tremendamente impactados. De aquella gran impresión que sufrí en aquel momento nació poco después un poema dedicado al suceso. Un poema que, modestamente, ofrezco con todo mi corazón a la memoria de aquellos marineros y a todos sus familiares. Un abrazo para todos ellos...



Naufragio del Islamar



Me sobrecoge el alma
y me parte el corazón,
tan solo de hacer mención
de aquel triste suceso,
que se me hielan los huesos
y me quedo sin aliento,
parezco oír los lamentos
de aquellos hombres de mar
que salieron de Isla Cristina
y no pudieron regresar.

Partieron con la mayor ilusión
en busca de su jornal,
sin pensar que con sus vidas
pagarían aquel pan.

Veintiocho hombres subieron
en el pesquero Islamar,
tan solo dos volverían
a su familia a, abrazar.

Entre África y Lanzarote
navegaba el Islamar,
proa al viento y entre olas
el pesquero lucha con la mar.

El abismo abre sus fauces
con los colmillos de espuma,
y el barco en él se precipita
en medio de densa bruma.

Llantos y gritos
en mitad del ancho mar,
lamentos,... voces de auxilio
que se pierden en la mar.

¡Que no! que no quiero recordar
lo que en sueños veo yo,...
como el Atlántico arrastra
a un infortunado marinero,
aferrado, a los restos madero,
con su mirada en el ancho cielo
y sus huesos en la mar.

¡Que no!, que no quiero recordar
como el mar se tragó sus cuerpos,
con que crueldad se los tragó
y no los quiso entregar.

Hijos, padres y mujeres
no los pueden olvidar,
aunque una tumba no tengan
donde sus flores llevar,...
pétalos de rosa tiran
en las aguas de la mar.

Es que me sobrecoge el alma
y me hiere el corazón,
ver, como lloraba una madre
encima del malecón.

23/6/07

EL HUNDIMIENTO DEL TITANIC


La noche del 14 al 15 de Abril de 1912, en su primer viaje, el Titanic, el crucero mas grande del mundo, choca con un bloque de hielo en una noche aparentemente tranquila. En muy poco tiempo se hunde, arrastrando al fondo del océano con él a una gran parte de su tripulación y a la mayoría de sus pasajeros. Un cúmulo de casualidades hizo que no se les pudiese prestar a tiempo la ayuda necesaria a aquellos primeros y últimos pasajeros del Titanic... De las 2.228 personas que viajaban a bordo, solamente 705, sobrevivieron al naufragio. Las muertes sumaron un total de 1.523 personas, de las cuales unicamente se recuperaron 306 cuerpos. Dicen que la falta de botes salvavidas para todos, unido, a la baja temperatura del agua del mar, fueron las principales causas para que se alcanzara aquella cifra tan elevada de muertos.
Lo hemos visto en películas no se cuantas veces, lo hemos leído otras tantas.... y siempre nos resulta y siempre nos resultará,... sobrecogedor. Imbuído por ese sentimiento,... hace algún tiempo le dediqué el siguiente poema.












El Titanic


En mil novecientos doce
le botaron a la mar,
más de un siglo a de pasar...
dijeron... para llegue al desguace.

La soberbia y el orgullo
del dueño y sus constructores,
demás, les empuja a hablar:
tranquilos, olvídense los señores...
“es insumergible este navío “
¡con este barco, imposible naufragar¡

Todo el mundo se apuntó
a esta experiencia primera,
de viajar en un palacio...
en un sueño, una quimera.

Subiéronse las señoras,
con sus abrigos de pieles,
con sus zapatos de moda,
cargadas con muchas joyas...
de brillantes y oropeles.

Junto a ellas... a su lado,
subían, elegantes señores
de pelo engomado,
de gorda cartera,
peinados bigotes
y buena chistera.

La bulla era intensa.
Tremendo el gentío
que despide al pasaje,
personas que suben deprisa,
apretones de mano,
promesas y fuertes abrazos,
lágrimas y alguna otra risa.

En las barandillas,
pamelas al viento,
y jóvenes damas
se están despidiendo,
riendo... y fumando
por finas y largas boquillas.

Sueltan amarras,
y retiran la gran escalera.
Ya están calentitas
las nuevas calderas
que empujan con fuerza
la inmensa galera.

Poco a poco, a las máquinas
les van alargando el fuelle
y pronto quedan detrás,
las personas y los muelles.

Y ven desde tierra
con sufrida nostalgia...
aguda tristeza y mudo pesar
por no haberse ido,
como el barco se achica...
¡que rápido se aleja!
contemplan su estela,
las aguas revueltas
como un ancho río,
que deja detrás.

A los seres humanos,
en aquel barco de lujo,
pero... de hábitos mundanos,
abiertamente y sin tapujo,
les dividen en clases:
según el bolsillo,

o el grosor de su cartera,
su categoría o cultura,
podían ser de primera,
de segunda o de tercera.

La música,
los salones,
la pompa, el lujo,
las lámparas,
los botones.
Relucen los trajes,
el baile, la música,
sedas y encajes.
Las parejas,
el garbo, y la elegancia
la sofisticación,
el glamoor.

Giran, se mueven...
¡que emoción!
¡que bien lo hacen!
¡tremenda pareja!
compenetrados... evolucionan
por todo el salón.

El mar, parece un espejo,
la noche es tranquila,
y suena la música,
el agua devuelve el reflejo,
de cientos... de miles, de luces.

¡La muerte! a lomos galopa,
de un corcel flaco y siniestro,
que avanza deprisa
de espaldas al viento.

A decenas de nudos,
marcha... seguro y confiado,
las máquinas lanzan rugidos.
Sigue la fiesta, las risas,
tremendo el jolgorio,
no paran los músicos.
El baile, la pista está llena.
¡De pronto! una copa se vuelca.

Siguen tocando los músicos,
el liquido comienza a extenderse
,...por toda la mesa,
corre, corre y no se detiene,
alguien levanta la copa,
y el bloque de hielo,
asoma la trompa.

Segura y confiada
se grita la orden,
¡gírenla toda!
Pero es lenta maniobra,
ahora ya es tarde,
y el hielo se estampa,
¡pararlo imposible!
Empuja, rompe y penetra,
y el acero del casco se abre,
por todo un costado de proa.

Suena insistente la alarma,
y algunos repiten con sorna...
Esto parece una chufla,
será un ensayo, una broma...

Deprisa y corriendo
la madre viste a la niña,
arriba, la música sigue sonando,
la anciana despierta al marido,
la niña toma al muñeco
y lo aprieta en sus manos.

Algunas parejas siguen bailando,
que corto es el tiempo,...
dan vueltas y siguen girando.

Escaleras arriba
impresiona el barullo,
la gente se junta
y empuja buscando
encontrar la salida,
histérica chilla y se agita
hasta quedar sin resuello.

Los botes son pocos,
realmente parece una broma,
que un barco con tanto lujo,
ahora no disponga
de los botes suficientes
para salvar las personas.

Arriba en las cubiertas
los botes se están llenando,
con las mujeres, los niños
y los ancianos primero
después los van descolgando,
y uno a uno a golpe de remo,
con las entrañas abiertas,
del gigante se irá alejando.

Desde el barco, se insiste,
pidiendo socorro.
Cuando se capta el mensaje,
acude un buque cercano,
pero éste no puede
luchar con el tiempo,
y cuando llega ya es tarde.

Dolorosa es la espera
hasta que llegue la muerte,
de una gran parte del pasaje,
que impotente aguarda...
el momento de hundirse
dentro de aquella nave imponente.

El barco se inclina
y mira hacia el fondo,
entonces... calla la música,
ruedan las mesas...
,...caen las sillas,
aquel ancho piano,...
se mueve y se vuelca
haciéndose astillas.

Entonces se juega,...
esa última partida,
y la gente se arroja
desde las altas bordas,
en un intento desesperado,
una última misión suicida,
pero el mar está helado,
es imposible salvar la vida,
el que sobrevive a la caída
sin duda, morirá... congelado.

Encuéntrase al sur de Terranova,
un invisible punto,...
en medio del ancho mar,
un lugar señalado de este mundo,
porque... allí, debajo del agua,
a cientos ¡no! A miles de metros,
en lo más hondo,...
en lo más oscuro y profundo,
aún se yerguen altivas
las cuatro chimeneas del barco.

En su pabellón ondean banderas de algas,
se escucha la música en sus salones,
y en aquel sarcófago de hierro,
centurias de almas deambulan,...
sin distinción de clase ni linaje,
esperando, sin duda, impacientes,
que llegue el preciso momento,
en que el Titanic, concluya su viaje.