
(En la foto: maíz florecido o, millo, como decimos en Canarias
o, milpa, como dicen nuestros hermanos en algunos sitios de Sudamérica).
Busquemos
Busquemos…
Busquemos las señales en el cielo,
Y miremos…
Miremos, en la negra nube
o en la nube blanca.
Busquemos nuevamente…
Despacio,
pero busquemos, quizá,
tal vez,
en el gris melancólico
y plateado de la tarde,
ó en el manto acristalado
y frío de los charcos…
En la bandada de pájaros
que huyen del invierno,
o en el agua rumorosa
que se descuelga
pendiente abajo,
en las ramas desgajadas de los árboles
y en las raíces misteriosas
que se hunden en el suelo,
busquemos…
Busquemos en las betas de la piedra,
en los ojos de una gata embarazada,
ó dentro del ancho cielo
cuando la noche está calma,
Busquemos…
Buscaremos…
En el vaso del recuerdo
ó en el pozo del olvido,
en los confines de la tierra,
en el éter…
Ó en las miles de nebulosas
que se arrastran
con el peso de los siglos,
pero al final, solos…
Solos nos hallaremos
frente a la cara impasible
y desnuda del espejo,
y, allí, crudamente,
veremos…
Tal vez, veremos
un imagen biselada de nosotros,
cínicamente,
mirando hacia el abismo,
hacia el insondable fondo
que habita,
calladamente y en secreto
dentro de nosotros mismos.
